30.7.09

Cap. I - La venganza se sirve en plato frio.


Inconciente, pálida, maquillada, labios rojos, como una muerta en su propio funeral.
Me encontraba tendida sobre mi cama, boca abajo, vestida de blanco, el cabello mojado, muy limpia, amordazada, en coma, subordinada, amenazada, en ese momento él entró en mi habitación, para su sorpresa un mágnum 9 mm. lo esperaba apuntando en dirección a sus jodidos sesos.

- Ahora es mía perro, perdiste, una paso más y te reviento tu horrible rostro decrepito.-
- ¿Quién eres tú?-´
- Ja Ja, ¿Quién te crees intelectualoide?, yo soy tu final, pero antes quiero que veas por ultima vez a este cuerpito desgarradoramente corrompido por mi verga, luego te torturaré de manera inductiva y especifica, morirás en tu mierda.-

Su rostro estaba impávido, mudo, sin embargo a Martín le invadía la rabia, en ese momento mi seudo victimario comenzó a levantar el blanco vestido, que seguramente robó de algún lado, para dejar descubierto mi culo sangriento y recién follado, para así lamerlo y limpiarlo con su tierna lengua.

- Siempre te cuidaré perrita, nunca más te dejaré sola.-

Esa tarde Gabriel llegó hasta mi casa, con el fin de pedirme que nos fuéramos al norte donde uno de sus primos mayores que vendían drogas duras, allí no nos faltaría nada material, además nos evadiríamos de personas indeseables y caducas para nuestras vidas.
A Gabriel lo conocí hace cuatro años atrás, no me interesaba para nada en ese entonces, tenía tres años menos que yo, frecuentaba mis bares y mis amigos, entre los dos no existía nada más que la conciencia de la existencia del otro, un foco atencional hacia él bastante básico.
Por esos días mi novio Martín estaba subjetivamente lejano, extraño, teníamos reiteradas peleas y el odio-amor enfermizo sicótico se manifestaba constantemente de manera perturbante y compulsiva, vivíamos juntos, pero siempre me dejaba sola con mi neurosis patológica, para poder vivir sus historias y fantasías, a mi… la situación me parecía desequilibrada al extremo.
Una noche sumergida en mis cavilaciones callejeras, sentada en algún rincón de la ciudad, observando y criticando el horroroso significado de la moda en los peatones, se sentó junto a mí Dante un gran amigo bastante menor que yo en edad, pero con una inteligencia que conmovía a cualquier persona decentemente pensante, la inteligencia siempre me ha conmovido.
Dante se juntaría con su novia a las 22:15 hrs. en ese lugar para tomar unos tragos en algún bar, en ese momento eran exactamente las 21:46, pues pregunte la hora a un chico que siempre pasaba por ahí.
Como aún faltaba tiempo para que llegara Katrina, la novia de Dante, nos quedamos conversando un rato, hasta que llegó Gabriel amigo en común de los dos.
Cuando llego Katrina decidimos ir a tomarnos un vino callejero, en algún lugar lejano donde solo estuviésemos los cuatro, sin gente, sin artistas, ni intelectuales, sin juventud, sin policías.
El lugar que escogimos para emborracharnos fue una escalera oscura y solitaria de algún cerro desconocido para mi, automáticamente Gabriel y yo comenzamos a mezclar nuestras palabras, que para mi sorpresa eran extremadamente cercanas, el sabía mas de mi que yo de él, sin embargo, la idea de reconocer en un extraño su atención hacia mi, me excita enormemente, mientras tanto Dante y katrina no perdían ocasión para besarse.
Conversaciones efusivas, besos de pequeños amantes, roces físicos, miradas, risas, mientras tanto el vino seguía casi intacto, ese día no era precisamente el vino el centro de atracción.
Decidimos continuar con nuestra reunión clandestina en otro lugar, Katrina nos invitó al departamento de su papá que no quedaba muy lejos de ahí, caminamos en silencio, la complicidad sumergida en cuerpos transitando lúbricos y nocturnos hacía que la calle pareciese un escenario mas de la dimensión desconocida.
Llegamos al departamento del papá de Katrina, nos dirigimos inmediatamente a un cuarto cómodo y calido con una sola cama donde nos tendimos con Gabriel, ya que, Dante y Katrina estaban en el baño sonando, moviendo, golpeando.
Gabriel y yo continuamos nuestro intercambio de realidades cercanas, cuando sin darme cuenta había entrelazado una de mis piernas entre las suyas, y muy concientemente esta vez una de sus manos comenzó a acariciar mi brazo muy suavemente, deliciosamente, tiernamente.
Por primera vez distinguí en Gabriel un atractivo poco común, él era un chico fuerte, violento, su rostro era una extraña mezcla entre sensualidad y ternura, decididamente proporcional a mis exclusivos gustos.
Me sentía cómoda junto a el, sin embargo, no estaba segura de continuar con lo que hasta ese momento era evidente, al momento en que termino de cuestionar mis pasos a seguir con Gabriel, siento sus dos manos entrelazadas en mi cintura, o mas bien en mi torso entero, sí, lo admito, nunca antes había sentido unas manos tan decididas.
De pronto Dante y Katrina entran en la habitación, ansiosos por recostarse en la única cama existente. Gabriel me abrazó por la espalada y simuló estar dormido, mientras tanto los jóvenes amantes se besaban libidinosamente, interrumpí el momento.

- ¿Apago la luz?
- Si, por favor.

Cuerpos en penumbras desnudándose ansiosamente calidos, pervertidos, decididos, la cama temblaba, de pronto, los brazos que antes me abrazaban ahora me acariciaban tiernamente, desvistiéndome, yo le ayudaba de manera sutil en su tarea, pues en ese momento, quizás en uno de los pocos momentos de mi vida, él era el protagonista y yo la beneficiada.
Yo estaba recostada de manera transversal sobre la cama, el arrodillado entre medio de mis muslos tibios me contenía y bordeaba con sus exquisitas manos, rodeando mis senos, mi cintura y mi espalda, comenzó a besar mi cuerpo, primero mis tetas, desesperadamente, ansioso, pero siempre delicado cuidando cada milímetro que violentaba con su perfecta lengua, luego mojó mi vientre con su saliva, a esas alturas ya no mantenía mi estupido cuestionamiento moral con respecto a lo categórico del instante, en ese momento sentí que Gabriel me comprendía muy bien y más aún cuando experimente su lengua en mi vagina, relamiéndola, amándola, tan suave y firme a la vez, recuerdo completamente los espasmos de placer causados por el sometimiento a su lengua, no pude evitar que pequeños sollozos emergieran de mis labios, además me encajaba sus dedos agitándolos rítmicamente en conjunto con su lengua, yo acariciaba su cabello y su rostro, me encantaba, sin embargo, a la vez, lo detestaba en intermitencias de segundos sentí algo parecido a la asco, aunque la precisión de sus lamidas terminaron por convencerme en interminable y múltiple orgasmo.
En la cama se vivía una celebración agitada, inmoral, algo perniciosa, no nos importaba nada, cuando Gabriel terminó de complacerme, le tome del rostro y le bese vehementemente, sentía una profunda gratitud hacía él, por lo que, ofrecí mi culo sin dudar.

- Penétrame exquisitamente por favor, inúndame de lechecita mi culito jugoso.-
- Por supuesto preciosa.-

Al instante el puso mi mano sobre su miembro, el que al tacto se sentía delicioso y rígido, le baje el cierre para besárselo lascivamente, era exquisito, en eso me toma por las caderas para darme vuelta y ensalivarme el culo con su boca, tocarme con sus dedos, para cerciorarse de que la penetración no fuera tan tortuosa, sin embargo, a mi el dolor me encendía.
Fue así como por primera vez, Gabriel entró en mi profundamente literal y figurativamente hablando, ya que sus susurros, sus palabras y las miradas, que supe distinguir en él a la perfección, hicieron que ese chico me encantase de inmediato, mi discriminadora percepción hizo que confiará en él, así quise, sin mas, entregarme a el de manera obscena, quería que pensara lo peor de mí, cuando introdujo su verga dentro de mí, sentí la mezcla clásica entre dolor y placer , para mi la combinación perfecta que define la lujuria. Gabriel no paraba de exaltar mis movimientos fuertes, susurrando enardeciéndome con su lengua que mojaba mi oído, nuestro lenguaje en ese momento era indecentemente oscuro.

- ¿Te duele? -
- Si, pero me encanta. -
Gabriel puso su mano en mi vagina y comenzó a acariciar mi clítoris y a introducir sus dedos dentro de mí, agarrándome firmemente.

- Me fascina como me agarras cosita.-

A esas alturas Dante y Katrina eran solo oyentes, a los que no parecía importarles nuestra sensualidad. Gabriel estaba altamente excitado, su respiración agitada era muy placentera para mí, eso me hacía distiguir su complacencia.

- Gabriel me encanta complacerte.-

Y mientras yo me corría en sus manos, sentí como su tibio y abundante semen inundaba mis entrañas con su placer. Me miró con una mirada muy tierna, me beso, me rodeo con sus brazos para quedarnos dormidos en la profunda comodidad de la satisfacción.

- Estas preciosa.-
- Y tú, delicioso.-

Nunca me imaginé que sería Gabriel, quien ahora esté apuntando el cerebro de Martín con una hermosa automática.
Como mencione anteriormente esa tarde Martín llego a casa con el fin de planear nuestra fuga, la puerta estaba entreabierta, yo estaba tendida en la cama, Martín apareció justo en el momento en que tomaba mi segunda tira de Valium, eran siete. De un manotazo hizo que escupiera unas cuantas pastillas que aún tenía en la boca, me beso profundamente y en mi boca sentí la humedad de sus lagrimas, yo aún lucida pues la dosis ingerida no era suficiente para la inconciencia, lo miré profundamente como introduciéndome dentro de él, hasta que me quede dormida poco a poco en sus, con Misfit de fondo, pensando en que sería la música perfecta para mi suicidio. Gabriel, quien había probado gran variedad de fármacos, a sus veinte años sabía que esa cantidad de pastillas solo haría que me durmiese un buen par de horas, tiempo en el que Gabriel jamás se alejaría de mi.
A esas alturas la mirada de Gabriel estaba perturbadísima, caminaba de un lado a otro, hasta que de pronto, vé una nota que estaba junto a la cama...

”La venganza se sirve en plato frio...“